Software-dependencia

El peligro de la software-dependencia

Conozco a muchas personas que no saben que sufren de una enfermedad crónica: la software-dependencia. Consiste en arraigarse a utilizar un único sistema operativo propietario, sin saber nada acerca de los peligros que éste les acarrea y sin tener en cuenta otras posibilidades mucho más adecuadas para sus necesidades. También sufren esta enfermedad muchas administraciones públicas, instituciones gubernamentales, centros oficiales, políticos y usuarios domésticos.

Lo que ninguno de ellos ve es que tras pagar una licencia de uso individual por un determinado sistema operativo (y nos vamos a olvidar de los que lo usan fraudulentamente), se ven obligados a pagar otra vez por cualquier versión posterior del mismo. Y esa licencia de uso no les permite instalarlo en otro ordenador, o copiárselo a un amigo para que lo instale en su equipo de casa. Es cierto que muchas personas lo hacen, en la mayor parte de los casos sin haberse detenido a leer la licencia de uso de ese caro producto que han comprado, de modo que no se dan cuenta de que lo que están haciendo es ilegal (aún habiendo pagado por sus programas propietarios).

Tras instalar ese sistema operativo propietario deben comprar más software, casi siempre a la misma compañía propietaria del mismo sistema operativo. Y también tendrán que pagar por las actualizaciones de ese software a la misma compañía.

Y después comprobamos atónitos que eso por lo que hemos pagado no es perfecto. Es más, nos damos cuenta de que es altamente imperfecto: problemas de seguridad, virus, acciones ocultas que vulneran nuestra privacidad... La lista de problemas sería interminable.

Luego viene el problema del tiempo invertido en aprender a manejar ese sistema operativo y todo el software diseñado para él, y es aquí donde se comienza a manifestar la software-dependencia. Cuando (más o menos) se aprende a utilizar ese sistema operativo y su software, muchas personas se creen que ya saben todo lo que tenían que aprender sobre el mundo de la Informática y no quieren ver más allá. Piensan, erróneamente, que todo el mundo tiene que utilizar forzosamente el mismo sistema operativo y los mismos programas que usan ellos, que todo el mundo podrá abrir los documentos creados con esos programas propietarios y, lo que es peor, que todo el mundo tendría que utilizarlos por el mero hecho de que ellos los están usando.

Pero tal vez sea más grave el hecho de que el propio usuario llegue a sentirse incómodo utilizando software propietario, especialmente si le preocupa mínimamente su propia seguridad y privacidad. Basta leer la prensa a diario para darse cuenta del gran número de serios problemas de seguridad que está rodeando al más famoso sistema operativo de la actualidad. Algunos gobiernos desconfían, y no sin razón, ya que un sistema operativo propietario es como una caja de Pandora que contiene cosas que nadie puede sospechar. También es cierto que esos fallos se suelen parchear (siempre que uno sea usuario registrado y acepte todas las condiciones de la licencia de uso), pero esos parches llegan demasiado tarde (en ocasiones hasta varios meses después de ser detectados). Y algo muy relacionado con este asunto son los virus. ¿Cuántos usuarios no han maldecido alguna vez por haber perdido el trabajo de varios meses tras haber sufrido una infección vírica?

Cuando el problema de la software-dependencia se manifiesta, suele ser demasiado tarde: ya se ha convertido en un peligro. Es como caer en la dependencia de otra droga más: produce efectos nocivos en sus consumidores, pero estos se niegan a reconocerlo. Creen que hacen lo mejor que pueden hacer, que no hay otra alternativa. Algunos, tras reconocer el problema, incluso intentan convivir con él de la mejor manera posible.

Es como si todos tuviéramos un mismo modelo de coche de una determinada marca, como si todos tuviésemos que ir vestidos con ropa de una determinada marca, como si solo pudiésemos ver una misma cadena de televisión...

Llegado este momento se hace necesaria una buena desintoxicación. La mala noticia es que es muy difícil abandonar estos malos hábitos. Pero la buena noticia es que es posible recuperarse de esta dependencia: lo único que hay que hacer es abrir la mente, girar un poco la cabeza y mirar alrededor.

 

Afrontando el problema

Una posible solución sería tratar de ver las cosas tal y como son, en lugar de tal y como creemos que son: no estamos manejando el sistema operativo S, ni el navegador N, ni el programa de correo electrónico C, ni el procesador de textos P, ni el reproductor multimedia R, sino que estamos usando un sistema operativo, yn navegador, un programa de correo electrónico, un procesador de textos, un reproductor multimedia, y así sucesivamente.

Ciertamente, los sistemas operativos actuales (independientemente de si son propietarios o libres) son muy parecidos en cuanto su manejo se refiere. Y lo mismo ocurre con el software en general: todos los programas tienen barra de menú, barra de herramientas, barra de estado, y una disposición de sus distintos elementos y opciones prácticamente idéntica, sea cual sea el sistema operativo bajo el que funcionen.

El software de código abierto, como su propio nombre indica, rompe definitivamente la rigidez del software propietario, ya que, por lo general, no suele disponer de un único programa para hacer una determinada tarea, sino de varios. Así, casi cualquier distribución de GNU/Linux actual dispone de varios navegadores, varios programas de correo electrónico, varios procesadores de texto, varios reproductores multimedia, etc. Tan solo tenemos que probarlos y decantarnos por utilizar uno u otro, o varios de ellos tal vez: el usuario tiene libertad de elección.

Sería bueno que los usuarios más indecisos supieran que no van a notar grandes cambios al cambiar de un sistema operativo propietario a uno de código abierto. Y esto es especialmente válido para empresas e instituciones de todo tipo, donde los trabajos que se llevan a cabo son de tipo ofimático.

Los gobiernos y los centros de enseñanza deberían tener esto muy presente, ya que en la actualidad están fomentando el analfabetismo informático, a pesar de que creen que están haciendo justamente lo contrario. Las escuelas y centros de enseñanza no deberían limitarse a enseñar a utilizar el procesador de textos de la compañía X, sino un procesador de textos en general, ya que están coartando la capacidad de decisión del alumno, obligándole a utilizar uno determinado e ignorando al resto, que pueden ser tan fáciles de utilizar como el de la compañía X. En el futuro, cuando ese alumno sea directivo de una empresa, es muy probable que se decante por utilizar los productos de la misma compañía X, y que exija a sus empleados que también los usen. Y esta cadena puede ser interminable.

¿Por qué funcionan así las cosas? Tal vez porque esos profesores, esos políticos, esos empresarios, no conozcan la existencia de alternativas mucho más fiables que el software propietario. Pero no nos llamemos al engaño: que ellos no las conozcan no quiere decir que no estén ahí: lo que están haciendo es transmitir su incultura a sus pupilos, fomentando el desconocimiento y el anquilosamiento tecnológico, ya que el software propietario avanza a pasos de enanito en el mismo terreno en el que el software libre da pasos de gigante. Es lamentable que mucha gente ignore esto, y muchos de los que lo sepan se sientan incómodos ante la perspectiva de tener que enseñarlo a sus alumnos.