Breve introducción
¿Qué es GNU/Linux?
GNU/Linux es una simbiosis de GNU y Linux. Y cada uno de ellos complementa al otro de una forma tal que se han convertido en un todo inseparable. Mucha gente habla de Linux cuando en realidad está hablando de GNU/Linux.
Linux fue creado en 1991 por Linus Torvalds, un estudiante finlandés de la Universidad de Helsinki, inspirado en Minix, una variante de Unix para PC. Hasta ese momento todo lo relativo a Linux fue gratuito y libre por el mero hecho de que nadie había pensado en ningún tipo de licencia para su distribución. Es más, el propio Linus pensaba que no iba a tener ningún alcance. Pero cuando se vio que poco a poco iba creciendo en popularidad entre los estudiantes de informática, y desde el momento en que empezó a utilizar software amparado por la licencia GPL de la FSF (creada en 1983 por Richard Stallman), se convirtió igualmente en software GPL, por lo que su denominación correcta es GNU/Linux. GNU significa, literalmente, GNU no es Unix (GNU's not Unix, en inglés).
¿Qué es realmente GNU/Linux?
A primera vista, GNU/Linux solo es un sistema operativo más. Pero en realidad es mucho más que un simple sistema operativo que está provocando muchos dolores de cabeza a otros sistemas operativos muy populares: es el abanderado del software de Código Abierto (Open Source en inglés). Y el Código Abierto es al software lo que la democracia y la libertad es a la política. El razonamiento de las empresas que producen algunos de los sistemas operativos más extendidos de que solo el software cerrado es sinónimo de garantía y fiabilidad, no es más que una trampa tendenciosa, ya que existen motivos para pensar justamente lo contrario. Por ejemplo, cada día son más los fallos que se van descubriendo en sus productos estrella, y los numerosos parches que sacan para corregir estos fallos suelen provocar efectos secundarios no deseados. Y es lógico, ya que si alguien crea un programa y encierra su código fuente bajo la protección de una patente, nadie puede examinarlo y descubrir los fallos que pudiera contener. En el mundo del Código Abierto esto no sucede: si yo hago un programa y lo distribuyo bajo la licencia GPL (la típica y menos restrictiva del Código Abierto), tengo la obligación de suministrar el código fuente a los usuarios de mi programa, y cualquiera que utilice ese código fuente para hacer otros programas también tiene la obligación de seguir haciendo disponible el código fuente de su programa. El software se convierte así en algo vivo. Es el espíritu del Código Abierto. Es la libertad. Miles de programadores, escritores de documentación, diseñadores y traductores de todo el mundo unen sus esfuerzos en este tipo de trabajo en comunidad, y la mayor parte de ellos sin cobrar absolutamente nada a cambio. ¿Qué mueve a toda esta gente para regalar su trabajo de esta forma? Sin duda alguna, no son motivos económicos, o al menos no son evidentes.
En el caso de GNU/Linux, en particular, sí que existe un cierto comercio a nivel mundial. Se trata de las distintas distribuciones existentes: Ubuntu, Mandriva, Debian, RedHat, openSUSE, Gentoo, Slackware, TurboLinux, LinEx, ESWare, Linspire, etc. Algunas de ellas (como Debian) cobran únicamente por el soporte en el que distribuyen GNU/Linux. Otras (y este es el caso típico) cobran un poco de dinero adicional por los manuales impresos que las acompañan y por el esfuerzo de seleccionar un sinfín de programas que, de otro modo, tendría que buscar el usuario a través de cientos de páginas web. Cuando uno se decide a comprar una de estas distribuciones se encuentra con varios manuales de ayuda para la instalación y para dar los primeros pasos en el mundo GNU/Linux, y con varios CD-ROM cargaditos de programas (a veces 6 ó 7, e incluso más, y hasta algún DVD). Y esos programas que se incluyen suelen ser de todo tipo, desde pequeñas utilidades en modo texto hasta sofisticadas suites de ofimática en modo gráfico para nuestros escritorios favoritos. Finalmente, también hay distribuciones sin ánimo de lucro (como linEx) que no cobran absolutamente nada por el CD-ROM en el que se distribuyen. Pero independientemente de si una compañía cobra o no por su distribución, siempre deja accesible lo que es el propio GNU/Linux en algún servidor FTP en Internet (normalmente suele ser el contenido de los primeros dos o tres CD-ROM de la distribución comercial), y no cobra nada a quien tenga el suficiente tiempo y ganas de bajárselo desde su propia casa y desee grabar esos CD-ROM en su propia grabadora. Y lo mejor de todo es que se dispone de absoluta libertad para copiarlos indefinidamente y distribuirlos sin cobrar nada a cambio, a excepción del medio en el que se copia, si se desea. Y en ningún caso hay que pagar ninguna licencia de uso.
