El hambre
Otras fuerzas fuera de todo control habían ayudado a apagar y ensombrecer
los movimientos políticos de esta época. Comenzando en 1845 y
extendiéndose a lo largo de cuatro años, la roya atacó
la cosecha de patatas, que eran el alimento básico para casi el 70% de
los irlandeses. Cuando su principal alimento desapareció, el hambre atacó
con especial violencia. Los británicos se negaron a asumir cualquier
tipo de carga financiera para suplir las pérdidas de las cosechas. De
hecho tampoco hicieron absolutamente nada para ayudar sino que, en lugar de
distribuir alimentos entre la población irlandesa, continuaron exportándolos
fuera de Irlanda desde las florecientes granjas protestantes del Ulster.
Alrededor de un millón de irlandeses padecieron hambre hasta morir o sucumbieron a un gran número de enfermedades por culpa de su estado de debilidad, y cerca de otro millón y medio tuvieron que emigrar, la mayor parte (un 75%) a los Estados Unidos, y el resto a Canada y Australia, principalmente. Este masivo éxodo a América tendría una profunda relevancia durante el siglo XX. Los irlandeses que dejaron su patria (la mayor parte de ellos católicos) se llevaron consigo un resentimiento extremo hacia los británicos y hacia los irlandeses protestantes. Esto creó una reserva de irlandeses americanos cuyos descendientes se identificarían más tarde con el movimiento republicano al que prestarían sus tremendos recursos financieros y políticos. De inmediato, América se convirtió en un lugar seguro para los líderes exiliados de los Jóvenes Irlandeses, quienes comenzaron a organizar a los recién llegados emigrantes con sentimientos antibritánicos en sociedades secretas revolucionarias.
