La imposición del protestantismo
Durante el reinado de Enrique VIII de Inglaterra aparecieron por primera vez las fuerzas que casi consiguieron acabar con la cultura celta. Enrique VIII se hizo proclamar rey de Irlanda en 1541, amenazando con usar su poderío militar contra quienes se opusieran. Cuando rompió con la Iglesia Católica promovió la Reforma Protestante, consiguiendo que los profundamente católicos irlandeses entrasen en conflicto ideológico con los acérrimos protestantes ingleses.
Su hija María I Tudor autorizó las primeras colonizaciones de Offaly y Laois al final de su reinado. Cuando su otra hija, Isabel (hermanastra de María), subió al trono en 1558, el dominio inglés sobre Irlanda estaba bastante descuidado.
Justo un año antes, la primera de numerosas revueltas contra los ingleses había tenido lugar en el Ulster. Aunque no tuvo éxito, esta rebelión confirmó a Isabel que debería tomar medidas más drásticas para afianzar el dominio inglés sobre la isla de una vez por todas. Para ello, en primer lugar impuso el culto anglicano a la población irlandesa, y luego comenzó a retomar el fallido intento de colonización anterior.
Viendo su futuro amenazado, los irlandeses volvieron a sublevarse en 1565 y 1575 (al mando de James Fitzmaurize), 1582 (al mando de Desmond en Munster), 1590 y, posteriormente, en 1597; pero tras nueve años de lucha los ingleses consiguieron imponerse de nuevo (en 1603 Hugh O'Neill, conde de Tyrone, firma el tratado de Mellifont, que haría que los ingleses confiscaran y colonizaran el Ulster) y los líderes irlandeses huyeron al continente.
Cuando Jacobo I sucedió a Isabel en el trono de Inglaterra, continuó con la política colonizadora de Irlanda a modo de venganza, especialmente en el Ulster, donde habían tenido lugar las revueltas. En 1622, más de 13.000 protestantes vivían en el Ulster. En 1641, bajo el reinado de Carlos I de Inglaterra, llegaron a ser 100.000. Unos 30 años después de la llegada de los primeros colonos bajo el reinado de Jacobo I, tan sólo el 10% de la población del Ulster eran católicos irlandeses. En una sola generación la estructura social del Ulster había sido reorganizada de un modo tan dramático que traería dolorosas consecuencias, tanto para los recién instalados colonos (que se convirtieron en la mayoría de protestantes privilegiados) como para los desbancados (que pronto se convertirían en la minoría de empobrecidos católicos).
