La guerra civil
A finales de junio, las tensiones entre los hombres que habían luchado como camaradas por una causa común explotó en violencia. En abril, un grupo en contra del Tratado se había encerrado en el edificio del Four Courts en Dublin. Collins había tolerado esta situación porque estaba tratando con otra más delicada y apremiante situación en Irlanda del Norte: los Unionistas protestantes habían comenzado a producir disturbios y a asesinar católicos en Belfast a principios de febrero. Viéndose incapaz de intervenir para proteger a los católicos a causa del Tratado, Collins se dedicó a armar de forma clandestina a los miembros del IRA en el norte, la mayor parte de ellos en contra del Tratado.
Los británicos reaccionaron con extrema severidad ante estos disturbios en Irlanda del Norte, de los que culpaban injustamente al IRA. Como contrapartida, los pistoleros del IRA asesinaron en Londres al asesor de seguridad para Irlanda del Norte, el mariscal de campo Sir Henry Wilson. Los ingleses también culparon incorrectamente a los que se habían encerrado en el edificio del Four Courts en Dublin de ordenar este asesinato, e instaron a Collins para que los entregase a la justicia o considerarían el Tratado como nulo. Incapaz de conseguir la rendición de los miembros del IRA encerrados en el edificio después de varios días de diálogo, Collins les lanzó un ultimátum para que abandonasen el edificio en veinte minutos. Cuando concluyó el tiempo sin que se hubiesen entregado, ordenó bombardear el edificio durante dos días. La guerra civil había comenzado.
Collins, convertido ahora en el comandante del ejército del Estado Libre, luchó contra sus antiguos aliados, ahora sus enemigos. Usando el conocimiento de sus tácticas y detalles operacionales, así como los superiores recursos de su ejército, Collins dominó pronto casi toda Irlanda, excepto una posición rebelde en Cork. En agosto de 1922 las tropas de Collins habían tomado Cork y se dirigían hacia el interior. El 22 de agosto, Collins fue asesinado cuando su convoy fue atacado por unos Voluntarios del IRA en contra del Tratado emboscados en una carretera comarcal en Béal na mBlath.
Para finalizar la sangrienta revuelta, el Dáil aprobó una Ley de Poderes de Emergencia, que permitía rendirse a los rebeldes dentro de un periodo de gracia tras la expiración del cual todo republicano capturado con armas sería sumariamente ejecutado. El periodo comenzó en noviembre. Para cuando de Valera ordenó el cese de las hostilidades en mayo de 1923, 77 rebeldes ya habían sido fusilados. Estas ejecuciones y la severa encarcelación de más de 13.000 rebeldes capturados (incluido de Valera), produjo amargas divisiones que obsesionaron a los políticos irlandeses y dificultaron el establecimiento de una estructura política cohesiva para la llegada de la próxima generación. Y no sólo eso, sino que la guerra civil y las duras medidas tomadas para terminarla entorpecieron permanentemente las relaciones con Irlanda del Norte. Para los protestantes Unionistas este episodio confirmaba sus peores sospechas contra los republicanos, a saber, que sólo eran terroristas asesinos que nunca estarían satisfechos hasta que consiguieran reunificar toda Irlanda bajo un gobierno católico republicano.
Preocupados por curar sus propias heridas y por el esfuerzo que supone construir una nación, los líderes del Estado Libre abandonaron a su destino a los republicanos que aún quedaban en Irlanda del Norte. Incluso después haber transcurrido varias décadas durante las que las pasiones se han enfriado, los políticos se han estabilizado y el gobierno ha evolucionado pacíficamente en una república libre e independiente conocida como Éire, los nacionalistas de Irlanda del Norte continuan aislados. Todos los partidos se han olvidado de ellos y del enorme problema sin resolver que ellos suponen. Después de 800 años de contínua opresión extranjera, ellos aún son irlandeses, casi todos católicos, que se sienten impotentes, que soportan absoluta pobreza, a los que se les niegan sus más básicos derechos y privilegios, y quienes desde finales de la década de los 60 tienen poco que perder por hacer un último esfuerzo por conseguir justicia para sí mismos.
